¡Vere, siéntate y agárrate bien, que tengo una noticia que te hará desear el frío del invierno más que una cerveza en el bar de Fane! El fenómeno 'Heat Dome' - o sea, una cúpula de calor, como dicen los expertos - se ha apoderado de Rumanía y nos estamos friendo como salchichas en la parrilla. Y no es broma, frate, que viene con temperaturas de más de 40 grados en las zonas de llanura, ¡incluso hasta 42 en algunos lugares, desde el este de Croacia, pasando por Hungría, hasta nosotros!

El mapa publicado por Severe Weather nos muestra el país coloreado en negro intenso, es decir, advertencia meteorológica sin precedentes. Y no es la primera vez que causa estragos: esta cúpula ya ha batido récords en Reino Unido, Francia, Alemania y ahora viene hacia nosotros. Miraba el teléfono y me decía: 'Tío, tengo mi BMW del 2008, pero creo que no saldría de casa ni para comprar un cigarro, ¡que me derrito en el asiento!'.

¿Cómo funciona el asunto? Pues la cúpula de calor es como una tapa en la olla de los sarmale: retiene el aire caliente en las capas bajas, no lo deja escapar, y fuerza al aire a descender, calentándose aún más en el suelo. Exactamente como cuando Mioara enciende la parrilla y yo me acerco para dar la vuelta a la carne, pero esta vez no hay escapatoria. Y tampoco escapan los del Oeste: en Reino Unido y Francia ya ha habido víctimas, incendios forestales y sequía, y ahora nos toca a nosotros.

Los días más duros son de domingo a martes, con lunes y martes como pico de calor. En Rumanía, las temperaturas superan los 40 en las llanuras, y en algunas regiones, como el este de Hungría o el norte de Serbia, se acercan a los 42. Y no solo aquí: Polonia, República Checa, Eslovaquia, los países bálticos y Ucrania están todos en el mismo horno. Mientras Europa Occidental disfruta de aire fresco del Atlántico, nosotros, Europa del Este, estamos atrapados bajo esta maldita cúpula.

Y así, frate, nos derretimos de calor, las facturas de la luz se dispararán por los ventiladores y aires acondicionados, y las autoridades nos dirán que bebamos agua y nos quedemos a la sombra. Pero ¿quién paga? ¡Siempre nosotros, los rumanos, que nos matamos para sobrevivir a 40 grados con un aire acondicionado viejo del 2005! Por lo pronto, yo voy a poner una botella de agua en el congelador y esperar que no reviente la tubería por el calor, que ya he gastado una fortuna en electricidad. ¡Vosotros estad atentos y no olvidéis: después de la canícula, llega la factura!