Jefe, siéntate que te cuento lo que ha soltado Raluca Turcan. ¡Dice que el Gobierno Veștea, ese liderado por el primer ministro designado, solo puede ser votado con el apoyo de AUR. ¡Y no bromea, hermano! Turcan advierte que «por interés nacional» una parte de los parlamentarios de AUR podría votar a favor. O sea, ¿ahora AUR es el salvador de la nación? Pero hace unos meses los llamaban extremistas, ¡y ahora los invitan a formar gobierno! Menudo «Estado de derecho».

Turcan publicó en Facebook un auténtico manifiesto, dice que Rumanía «parece parecerse cada vez más a un Estado capturado». Y enumera: violación de la Constitución al designar al primer ministro, forzamientos de procedimiento que debilitan la legitimidad. Oye, jefe, parece que estás en un partido, no en el gobierno. Pero la mejor parte es cuando dice que el PNL está «roto abusivamente desde fuera» por fuerzas políticas e instituciones que quieren deshacerse de personas incómodas. «Hoy golpean al PNL. Mañana pueden golpear a otro partido o incluso al presidente del país», escribe. ¡Atento, parece guion de película, no política real!

Ahora, el episodio de ayer en la justicia: un tribunal de Ilfov juzgó «sin competencia y sin transparencia» un caso sobre una decisión política interna del PNL. Y lo más curioso, justo el día en que el primer ministro designado constataba que necesita 18 votos más, ¡Ciprian Ciucu, la mano derecha del presidente del PNL, fue citado por la DNA! ¿Coincidencia? Yo digo que no, hermano. Turcan compara la situación con los tiempos de Năstase o Dragnea, cuando la justicia estaba controlada políticamente. Y llama al día de ayer «un día negro para el Estado de derecho».

Y la conclusión, la más triste: detrás del primer ministro designado, no se discuten programas de gobierno, sino cargos, control y recursos. El presidente del PSD ya está en oposición con su propio primer ministro, igual que en la «película» del gobierno Bolojan. O sea, volvemos a las mismas artimañas, hermano. Qué más puedo decir, parece Caragiale en estado puro.

Por lo pronto, yo me voy a explicarle a Mioara por qué ya no voto a nadie, ¡que de política estoy hasta las narices!