Jefe, ponte un café y siéntate, que llega junio y Netflix nos da una patada en el culo con lanzamientos de órdago. O sea, espera a ver lo que han anunciado: la temporada 2 de 'Avatar: The Last Airbender' – sí, esa del chico que controla los elementos, como en los dibujos de Brian en la tablet. Yo la vi con él, tío, está muy guay, aunque yo prefería la original, la de 2005, cuando todavía tenía pelo. Ahora continúa la historia de Aang, que quiere hacer las paces entre este mundo y el otro, aprender los cuatro elementos – yo apenas he aprendido a pagar las facturas a tiempo.

Pero eso no es todo. Llega una comedia, 'Office Romance', con Jennifer Lopez y Brett Goldstein. Jeni, tío, esa que hacía 'Let's Get Loud' y ahora interpreta a una jefa que se lía con el abogado nuevo – como en mi curro, cuando Mioara se fue al Lidl y llegó el gerente nuevo, joven y guapo, noté que se miraban mucho... hasta que mi mujer llegó a casa con un descuento en mortadela y me di cuenta de que el jefe soy yo. Bromas aparte, la peli pinta comedia romántica de fin de semana, con faldas y oficinas, del tipo que pone Mioara y luego yo me duermo en el sofá.

Ahora, tío, la parte impactante: 'In the Hand of Dante'. Esta es la peli que te deja con la boca abierta. La historia empieza en la América del siglo XIX y llega hasta la época de Dante Alighieri, con un manuscrito perdido que todo el mundo busca. ¿El reparto? Siéntate que te tumba: Oscar Isaac, Jason Momoa (el de Aquaman, sí), Gerard Butler, Martin Scorsese – sí, el director que hace pelis de culto – Al Pacino, Gal Gadot y John Malkovich. O sea, tío, han metido pasta gansa en el reparto. Yo miro a estos y pienso: ¿con qué presupuesto habrán rodado, que yo apenas llego a fin de mes para una pizza? Pero en serio, es el tipo de peli que te hace sentir listo, con historia y misterio, no como 'Las Fierbinți'.

Seamos sinceros, Netflix sabe robarnos el tiempo. Brian estará pegado al 'Avatar' sin parar, Mioara al 'Office Romance', y yo intentaré pillar 'In the Hand of Dante' antes de que todos se duerman. Pero espera, que llega la factura – la suscripción ha subido, tío, ¿15 ron más? Venga, voy a hacer números, a ver si merece la pena renunciar a la cerveza del sábado o a Netflix. ¿Quién paga? Siempre nosotros.