¡Viejo, siéntate que te voy a contar una que te deja helado! Anoche, en Tulcea, se volvió a escuchar el dichoso mensaje Ro-Alert, como si estuvieras en plena guerra en directo. Los rusos lanzaron drones al otro lado del Dniéster, a solo 12 km de Vâlcove, ¿y nosotros qué hacemos?

Nos despertamos con los italianos de Mihail Kogălniceanu levantando sus Eurofighter Typhoon como si fuera la final del campeonato. Dos aviones, tío, rugieron sobre el Delta para asegurarse de que no llegara nada por aquí. La alerta empezó a las 00:02, duró hasta la 01:11, y los aviones regresaron a la 01:44.

No pasó nada, gracias a Dios, ni drones que entraran, ni impactos. Pero espera, que viene lo mejor: el IGSU nos dice que llamemos al 112 si vemos objetos cayendo del cielo. ¡Oye, yo qué digo!

Llamé a Mioara para que mirara por la ventana, pero ella estaba en el Lidl, con los vales, porque ella es la reina de las ofertas. Y así, en ese condado del Delta, donde el pez es rey y los pescadores son héroes, nos hemos acostumbrado a las alertas de guerra. No es la primera vez, colega.

A finales de mayo, exactamente igual, un dron Geran 2, de origen ruso, se estrelló contra un edificio en Galați. Explosión, fuego, dos heridas y dos ataques de pánico. Entonces sonaron las Ro-Alert para Brăila, Tulcea y Galați, y los F-16 de Fetești también rugieron.

Y así, desde el inicio de la guerra, hemos encontrado fragmentos de drones en 47 ocasiones, solo 12 este año. Y ahora, el 5 de junio, un dron marítimo explotó en el Puerto de Constanța. Zona aislada, gente evacuada, sin víctimas, pero el dron se autodetonó y no pertenece al arsenal del Ejército rumano.

Los ucranianos dijeron que perdieron el control de cuatro drones, tres se autodetonaron en alta mar. ¿Qué más se puede decir? Nosotros, los rumanos, estamos mirando al cielo, como en las películas, pero sin palomitas.

Voy a decirle a Fane en la terraza que suba el volumen de la tele, que quizá pillamos una buena noticia, no solo alarmas.