¡Macho, lo que me he enterado hoy! Las aerolíneas y los aeropuertos europeos han saltado como resortes y piden la suspensión de este sistema biométrico, el EES, justo en plena temporada de verano. ¿Sabes? Ese de las huellas y fotos para los extranjeros. Y no es broma: los pasajeros hacen colas de hasta cinco horas, y los aviones despegan medio vacíos porque la gente está atascada en los controles. ¡Sin coña!
Escucha esto, la carta está firmada por ACI Europe (los de los aeropuertos), Airlines for Europe y la IATA, y se la mandan directamente a Ursula von der Leyen. Dicen así: "Hemos llegado a un punto crítico". Mis colegas de la terraza, Fane y Miticá, dirían que "nos toman por tontos". Está claro, el sistema no da abasto. Hay gente esperando horas enteras fuera, en las plataformas, y pierden el avión. Cuando se trata de dinero, las aerolíneas registran pérdidas. Un billete a Cluj cuesta como una cuota de mi BMW, y así se va el dinero al garete.
Las organizaciones piden poder suspender los controles biométricos cuando haya mucha aglomeración, en julio y agosto. Dicen que es "presión insostenible". Y tienen razón. El jefe de los aeropuertos de Roma lo ha dicho claro: va a parar el sistema porque si no es un "desastre". Los griegos ya lo han suspendido para los británicos hasta septiembre. Los franceses hicieron lo mismo en el puerto de Dover. ¡Ay, Dios, qué sorpresa! Justo cuando necesitas previsibilidad, la UE llega con burocracia.
Pero espera, que viene lo peor. En la carta también se dice que algunos viajeros se están replanteando sus vacaciones en Europa por culpa de las colas. O sea, justo nosotros, los rumanos, que presumimos de "somos los mejores, el mundo nos envidia", perdemos turistas porque no podemos procesar a la gente. Y no es solo por el verano: quieren que la flexibilidad se mantenga después de septiembre, pero solo en casos excepcionales. ¿Y ahora no es excepcional?
Según las estimaciones, en julio y agosto habrá 40 millones de pasajeros más que en los meses anteriores. ¡Cuarenta millones! ¿Entiendes? Y estos de Bruselas hacen como que llueve. Yo, con Mioara y los niños, cuando vamos de vacaciones a Turquía, hacemos cola como para el pan en el 89. Y ahora, si algún extranjero quiere venir al Untold en Cluj o al Neversea en Constanța, va a estar cinco horas en el control. ¡Bravo, UE, nos has hundido!
Firmo yo también la petición, para que seamos serios. Hasta que no pongan mostradores automáticos y suficientes empleados, que no nos vengan con cuentos. ¿Quién paga? Siempre nosotros, los pringaos, con nuestro tiempo y nuestros nervios. Voy a decirle a Brian que quizás el año que viene nos vamos de vacaciones en coche, no en avión. Así, al menos sabemos cuánto esperamos en la aduana.