¡Tronco, agárrate bien que te cuento lo que ha hecho el Ayuntamiento de Bucarest! El martes 30 de junio, el Consejo General votó un nuevo reglamento para remolcar coches mal aparcados. Pero, colega, el Tribunal Supremo ya dijo en 2015 que estas decisiones no las pueden tomar los consejos locales, solo el Ministerio del Interior. ¿Y qué hacen ellos? Se la saltan, porque somos los más listos. Ahora el reglamento es nulo de pleno derecho, y todas las multas y tasas que pagamos las vamos a reclamar en los tribunales. El Ayuntamiento tendrá que indemnizarnos con nuestro propio presupuesto. Mioara decía: «¿Ves? Te lo dije, no aparques en la acera que te quedas sin coche y pagando un pastón». ¡Y resulta que la multa que pagábamos por no encontrar sitio era ilegal desde el principio! Ahora han metido tarifas nuevas, han derogado las viejas decisiones y han creado un servicio público de aparcamientos gestionado por la Compañía Municipal Parking. Qué te digo, habrá colas en el juzgado como para el pan en el 89.

Pero no es todo, ¡tronco! Las personas con discapacidad de Bucarest, que llevaban seis meses esperando un incentivo de 500 lei al mes, ahora empiezan a cobrar. El tribunal obligó a la Dirección de Asistencia Social a pagarles, pero ¿qué hacen? Dan solo 250 lei de adelanto para junio, mientras que los menores reciben 1.000 lei de golpe. ¡Menudo apoyo! Tengo un vecino con un hijo en silla de ruedas que dice que por eso ya no ve las noticias, que le da depresión. Y yo, que me quejo de las cuotas del BMW del 2008, al menos tengo piernas para andar. Pero aquí cada ayuntamiento hace lo que le da la gana, porque no hay una estrategia nacional. Así, colega, vamos cargando con la discapacidad a cuestas.

Y para rematarlo, más de 1.000 árboles cayeron en la capital durante la tormenta del martes al miércoles. La paisajista Diana Culesu dice que los árboles se rompen porque les cortan las raíces en las obras (bordillos, postes, Net City) y además les podan la copa hasta dejarlos sin equilibrio. En serio, tengo un árbol frente al bloque que parece una escoba de tanto podarlo. Y dice que mantenemos árboles secos en la ciudad hasta 10 años. En lugar de hacer el Registro Verde (un mapa de todos los árboles) y contratar especialistas que lean el «lenguaje corporal de los árboles», como ella dice. Solo el Ayuntamiento del Sector 1 lo hace. El resto, nada. Se estima que hay más de 1,5 millones de árboles en Bucarest, pero nadie lo sabe con certeza. ¿Cómo van a saberlo si no tenemos Registro? Así que estamos bajo las ramas rezando para que no nos caiga una encima.

Así es nuestro Bucarest, colega: coches remolcados ilegalmente, discapacitados con la mitad del dinero, árboles que nos caen encima y todos haciéndose los sordos. ¿Quién paga? Siempre nosotros, los pringaos. Bueno, me voy a llamar a Fane para tomarnos una cerveza y olvidarme de todo. Tú tranquilo, que peor no puede estar... o quizás sí.