¡Mira, colega! Pierluigi Collina, ese calvo de ojos saltones, ha anunciado a los primeros cuatro árbitros para los octavos del Mundial. ¿Y a que no adivinas quién no está entre ellos? Exacto, Istvan Kovacs, nuestro único representante. ¡Se ha quedado fuera, aunque es rumano y ha pitado finales europeas! ¡Seamos serios!
Ahora, vamos a los hechos. Collina ha designado a cuatro cracks: Ilgiz Tantashev de Uzbekistán, que pitará Paraguay - Francia; Michael Oliver, el inglés, para Canadá - Marruecos; Ismail Elfath, el americano, para Brasil - Noruega; y Alireza Faghani, el iraní con ciudadanía australiana, para México - Inglaterra. A mí, personalmente, me parece una mezcla de todas las naciones, pero nuestro rumano, ni papa.
Kovacs, el chico de Carei, no pita desde hace dos semanas. La última vez fue en Jordania - Argentina, 1-3. Antes, había pitado Túnez - Japón 0-4, justo el partido número 1000 en la historia de los Mundiales. Allí tuvo a sus asistentes, Mihai Marica y Ferencz Tunyogi, que le secundaron en ambos partidos. Así, buenos chicos.
Ahora, el tema de la pasta. Kovacs ya ha cobrado 100.000 dólares solo por estar en la lista de árbitros. Más 6.000 dólares por los dos partidos de fase de grupos. En octavos, los árbitros principales se llevan 10.000 dólares por partido. Si no pita, no ve ni esos. ¿Será alguna señal? Quizá no tiene enchufe...
Pero no lo lloremos en vano. Todavía tiene opciones en los próximos octavos: Portugal - España, EE. UU. - Bélgica, Argentina - Egipto o Suiza - Colombia. Si le colocan en un partido importante, quizá se gane un extra. Por lo pronto, es el único árbitro en la historia que ha pitado la final de las tres competiciones europeas: Champions, Europa League y Conference. ¡Eso sí es un logro, no es broma!
A mí, personalmente, me parece que la FIFA no mira mucho los currículos. Kovacs tiene trofeos, experiencia, pero quizá no es lo suficientemente "internacional" para Collina. O quizá lo guardan para fases más duras, tipo cuartos o semifinales. ¿Quién sabe?
Al final, seamos optimistas. Quizá nuestro rumano pite un partido importante. Y si no, al menos tenemos de qué quejarnos con una cerveza en la terraza de Fane. ¡Venga, que es verano!