¡Tío, mira esto! Creí que nos habíamos librado del calor y mira, la lluvia nos ha puesto a prueba. El martes fue un desastre, hermano: Bucarest y media Muntenia se convirtieron en Venecia, pero sin góndolas y con precios de kebab. Seis condados están el miércoles bajo alerta amarilla, desde el mediodía hasta la noche, justo cuando yo quería salir a tomar una cerveza con los chicos.
En Argeș, sí, allí donde tienen su famoso dulce de Topoloveni, cayó granizo como en las películas. En Câmpulung, tres tandas de lluvia en dos horas convirtieron las calles en canales. Los conductores se apartaban por miedo a que les rompiera el parabrisas, y yo, con mi BMW del 2008, me habría escondido bajo un puente. Los bomberos sacaron agua de sótanos y patios, bien por ellos, porque nadie nos da nada.
Pero lo más bestia es en Dâmbovița: ¡rescataron a un trabajador en helicóptero! Estaba sobre una excavadora, en medio de las corrientes, como un superviviente. Un rescatista de Salvamont Prahova lo subió con un cable, o sea, lo pescó desde arriba. Tío, yo no me habría quedado tan tranquilo, habría llamado a Mioara para que viniera con el flotador de la playa.
En Buzău, donde tienen sus famosos embutidos de Pleșcoi, decenas de invernaderos quedaron hechos polvo. Los agricultores dicen que la cosecha está perdida, justo lo que faltaba, que se encarezcan los tomates y los pimientos. Este mes solo comeré carne picada en lo de Fane.
Y en Chiajna, cerca de Bucarest, una calle estaba completamente inundada, agua hasta las rodillas. Un viejecito decía que no había visto algo así, otro que se salvó de milagro. Los de los sótanos sacaban agua con motobombas, como en las historias de inundaciones del 70. Pienso en Mioara: si el agua nos llega a Berceni, donde guardo mis herramientas.
Y para rematar, seis condados (Argeș, Dâmbovița, Buzău y otros tres) están bajo alerta amarilla hasta el miércoles por la noche. Así que si pensabas dar un paseo, mejor quédate en casa y tómate un aguardiente de la suegra Veta. ¡Porque llega el apocalipsis, hermano, y no tenemos dónde huir!