Tronco, ¿qué hay de nuevo? Esta mañana, mientras yo intentaba despertar a Brian del TikTok para que fuera al colegio, los chicos de Sanitas tomaron el Ministerio de Trabajo. Con vuvuzelas, pancartas y cánticos que te zumban los oídos: '¡Huelga general!', '¡Queremos justicia para la salud!', '¡Los interinos quieren quitarnos la plata!' - justo lo que grito yo cuando veo la factura de la luz.
Y así, en un país donde esperas seis horas en Urgencias con el niño en brazos, y las enfermeras cobran un pan y un bollo, llega una nueva ley salarial que, dicen, soluciona los problemas. Pues, tío, el Consejo Nacional de Sanitas lo dijo claro: el proyecto es injusto, incompleto y profundamente desfavorable. Más de la mitad de los empleados verán sus ingresos congelados o incluso recortados. O sea, justo lo que siento yo cuando Mioara dice 'congelamos los sueldos' después de haber gastado medio sueldo en cuotas del BMW.
¿Y entonces, tronco, qué haces? Sacas las vuvuzelas, juntas a la gente y te vas al ministerio. Porque claro, aquí sin escándalo no se mueve nada. 'Las compensaciones propuestas no cubren las pérdidas', dicen ellos. Igual que a mí: '¿Aumento del 5%?' Pues, con esa inflación del 7%, yo pierdo un 2% al mes. ¡Tío, una locura!
Para que veas más allá, Sanitas exige la retirada del proyecto y negociaciones de verdad. Ya programaron la próxima protesta: el 3 de junio, en la Plaza de la Victoria, con marcha hasta la Plaza de la Constitución. 'Si no retiran la ley, todos a la calle', advirtieron. O sea, justo lo que dijo mi suegra cuando le dije que ya no cabían más pepinillos en la nevera: '¡Pongo el pie en la puerta, Costel!'
Ahora, espera a ver qué sigue: los gobernantes hacen como que llueve, los sindicalistas se calientan, y los pacientes - nosotros, los colegas - nos quedamos con los mismos hospitales ruinosos y enfermeras que huyen al extranjero. Dime, ¿quién paga? Adivina.