¡Tío, lo que me he enterado de un chico que hace de guía turístico por aquí, me ha dejado flipando! Resulta que la Transalpina, esa carretera tan guay por la que vamos con el BMW para darnos pisto, se ha convertido en un destino de vacaciones con parques temáticos. Si tienes niños, ya está, no haces un paseo de unas horas, sino una estancia de un día o dos.

Y no es esa sinvergüencería de la playa, donde te quitan la pasta por un kebab de 40 lei. Aquí, en plena naturaleza, junto a la Cueva de las Mujeres de Baia de Fier, han aparecido dinosaurios que se hacen amigos de los chavales. ¡Sin coña!

Un local de la zona se ha puesto manos a la obra y ha construido de madera un barco pirata, un camión, un helicóptero y unas cuantas casitas. O sea, el tío se ha armado de valor y ha hecho algo para los niños, no como en los centros comerciales donde metes 200 lei y recibes una bolsa de aire. "¡Igual que mi mujer cuando abre el armario: por fuera orden, por dentro desastre organizado!"

¡Ay, qué tiempos! En el Castillo de las Brujas o en el Pueblo de las Casitas Volteadas, te pasas unas cuantas horas viéndolo todo. Y aquí viene la mejor parte: inversiones privadas, algunas con fondos europeos, no de nuestro dinero de los impuestos.

Y las entradas: hasta 40 lei para adultos, y los niños pagan menos. O sea, tío, metes cien lei por una familia y tienes diversión todo el día, no como en los parques acuáticos donde te despluman vivo. Mioara decía que este año no vamos a la playa, que es un robo, pero quizá la convenza para ir a la Transalpina.

Brian se hace el chulo diciendo que quiere ver los dinosaurios, e Ioana ya ha preguntado si también hay una princesa allí. Bueno, igual pillamos una barbacoa por ahí, que yo tengo gasolina de sobra en el maletero. Por lo pronto, yo me voy a llenar el depósito del BMW del 2008, que la Transalpina no se sube sola.

¡Pero al menos no pago 40 lei por una cerveza en la terraza!