¡Tío, qué shock! Estaba yo tranquilamente viendo unos combates de esgrima viejos, que así me gusta a mí, y me topo con una noticia que me dejó helado. Aldo Montano, el de la espada, campeón olímpico en 2004, estuvo a punto de palmarla el viernes por la noche después de comerse un plato de pasta en un restaurante de Roma. Sin broma, hermano. Y no, no era pasta con espino amarillo ni otras locuras, era caseína, una proteína de la leche. Y él es alérgico de cojones.
Escucha aquí lo que me contó el hombre, que me senté y leí con sangre fría. Dijo: 'No solo se lo dije al camarero, sino que fui a la cocina a advertirles. «En este plato nunca ponemos queso», me dijeron'. Y así, tío, la lio. Comió, y en 7-8 minutos empezó a sentirse mal. Suerte que tenía un amigo con scooter y lo llevó al hospital Santo Spirito a toda velocidad. Si no, no veía el día siguiente. Llegó a urgencias, lo metieron directo, sin papeleo, con adrenalina y cortisona. En 10 minutos se iba, hermano, si llegaba a tardar más.
Yo, cuando lo oí, me acordé de aquella vez que me comí una pizza en una terraza en Drumul Taberei y estuve con urticaria toda la noche. Pero yo salvé con una pastilla y un insulto al camarero. Estos con alergias serias, tío, tienen la vida en un hilo. Montano describió exactamente cómo se siente: 'Ya no respiras, sientes que te ahogas, la oxigenación de la sangre baja'. Me santigüé, primo, cuando lo leí. Y yo que creía que alergia era cuando estornudas en primavera.
Ahora, Montano lanza una alerta. Dice que la gente de los restaurantes debe hacer unos cursos de formación, que entiendan los riesgos. Tiene razón, hermano. Porque mira, él fue precavido, fue a la cocina, dijo 'oye, no pongáis queso', y aún así la palmo. En España, si dices que eres alérgico a algo, te miran como a un bicho raro. 'Ajá, señor, sin queso', y ponen más, a ver si no te das cuenta. Así son los nuestros, listos de remate.
Menos mal que volvió a casa, a Livorno, con sus hijos, Olimpia de 9 años y Mario de 5. Pobrecillos, si se quedaban sin papá por culpa de una pasta... Así que, tío, la próxima vez que salgas a un restaurante, no te fíes del camarero. Pregunta dos veces, ve a la cocina, monta un pollo, que te va la vida. Y si no estás seguro, mejor come en casa, que Mioara hace unos rollos de col que te mueres y sabes seguro lo que pone. O mándale un mensaje a Brian, que él sabe todas las apps de delivery, pero ni ahí estás seguro. ¡Venga, salud!