¡Mano, agárrate un trago y siéntate, que tengo una noticia que te hará darte cuenta de que ser juez es más difícil que conseguir un Audi de segunda mano en Bucarest! Mălina Tebieș, jueza del Juzgado de Bistrița (condado de Vâlcea, sí, así es el sistema, no preguntes), publicó un mensaje que te deja boquiabierto. Describió todo el calvario que pasó para llegar a ser magistrada: exámenes, noches en vela, sacrificios, y al final, ¿qué? Una profesión burlada por todos los barones y ese sistema podrido que nos consume los días.
Presta atención, que su historia es como una película de acción, solo que sin autos y con papeles. En 2013 y 2014, dice que no tuvo ni un día de vacaciones. Espera a ver lo que le pasó en el primer examen de admisión a la magistratura: sacó 9,46 en la entrevista, pero necesitaba 9,50. ¡Siete centésimas, hermano! Como si perdieras el estacionamiento del Mega por un centímetro. Un año entero pensó que podría haber sido mejor, aunque salió de la entrevista "impecable e invencible". Así me siento yo cuando logro estacionar el BMW en un espacio del tamaño de una caja de fósforos.
Al año siguiente, se preparó como loca para la prueba de razonamiento lógico, compró materiales del Reino Unido, tradujo sola ejercicios tipo LSAT - algo que no haría ni por un sobre de soborno. Obtuvo mejor puntuación, pero en la entrevista volvió a caer: el comité le dio 7,94, cuando necesitaba 8. ¡Seis centésimas, hermano! Eso ni en la bomba de gasolina ves una diferencia tan pequeña. Y así, una persona que fue olímpica, mejor de su promoción, con inglés y alemán fluidos, becada toda la carrera, se sintió como la última persona en la tierra. ¿Te imaginas la presión: decirles a tus padres que no entraste, cuando ellos esperaban que fueras juez desde pequeña?
El momento más desgarrador de su mensaje es cuando habla de su padre. En los años de preparación, le pedía que hablara más bajo para poder estudiar, en lugar de pasar tiempo con él. Ahora, escribe: "Ya no está. Y ya no puedo oírlo". Ay, hermano, ahí se me cortó la respiración. Yo también pasé algo similar con mi viejo, que falleció hace unos años - no alcancé a mostrarle que pagué las cuotas del BMW. Me duele el alma cuando escucho historias así.
Después de dos años de abogacía, retomó el examen, en paralelo con el definitivo y el doctorado. Corría entre Bucarest, Cluj y Năsăud (condado de Bistrița-Năsăud, no el de Vâlcea, aunque es la misma jueza - el transporte es una locura). Dice que "estaba más en avión, coche, tren y autobús" - como yo cuando voy a la terraza de Fane, hago el trayecto entre Berceni y Drumul Taberei, pero no es lo mismo.
Finalmente, entró en la magistratura, "elegida" de un grupo que "habría matado" por ese lugar. Brilló, no podía creer que fuera real. Y ahora, después de cientos de destinos que ha decidido, dice que su sonrisa se perdió. "En el contexto actual burlón", escribe. Y termina con un "¡Señor, perdona a todos los que entierran la justicia!" - justo como en nuestro barrio, cuando los del partido roban todo lo que pueden, y nosotros rezamos.
Esta es Rumanía, hermano: gente que lucha años para hacer el bien, y al final son burlados por el sistema. Yo, si fuera juez, multaría a todos los listillos que estacionan en la acera. Por ahora, voy a llamar a Fane para comentar esta historia - que en la terraza al menos sabemos que la verdad es de verdad, no en papel.