¡Tronco, lo que te pierdes! Jurgen Klopp, el tío de la barba y la sonrisa de oreja a oreja, por fin encontró su sitio. Aceptó la oferta de los alemanes para ser seleccionador. Dice Fabrizio Romano - ese que nunca falla, no como nuestros árbitros - que solo quedan algunos flecos por atar. Después de dos años apartado, rechazó hasta al Real Madrid, ¡hermano! ¡El Real, que te rechace un entrenador! Pero él esperaba este puesto como yo espero a Mioara cuando vuelvo pedo a casa: era "el puesto de sus sueños".
Ahora, señores, cómo echaron a Nagelsmann. Los alemanes, después de ganar el grupo con Costa de Marfil, Ecuador y Curazao - o sea, justo como me llevaría yo un grupo de Champions si jugara contra las chicas de gimnasia - se vieron eliminados en octavos por ¡Paraguay! 1-1 tras la prórroga y 3-4 en penaltis. Eso te pasa por hacerte el listo. Echaron a Julian, con 7 millones de euros de indemnización, o sea, el sueldo de un año. ¡Siete millones, tronco! Por un año sin hacer nada. Si yo tuviera una cláusula así, me quedaría en casa esperando la oferta de la selección de Rumanía. Pero aquí se paga con una cerveza en el bar de Fane.
Ahora, la parte más bonita: Klopp estaba bajo contrato con Red Bull, pero tuvo la cabeza de meter una cláusula que podía irse libre solo si llegaba la oferta de Alemania. ¡Ves, eso es un entrenador con cabeza! No como yo, que firmé con Relu sin leer la letra pequeña y ahora tengo cuotas del BMW hasta la jubilación. Activó la cláusula, firma y listo. ¡Verás lo que hace con la Mannschaft! Les enseñará a correr como en Liverpool, a presionar y a no perder penaltis. Quizá hasta nos gane en un amistoso, pero al menos será espectáculo.
Por lo pronto, yo veo estos partidos y pienso: si hasta los alemanes la cagan, ¿qué podemos decir nosotros? Tranquilo, que mañana en la terraza con los colegas lo debatimos y damos nuestra opinión. Hasta entonces, ¡salud!