¡Tronco, me quedé de piedra cuando vi la noticia! Jeff Bezos, el del Amazon y toda la pasta, ha hecho ¡pum! un cohete en Florida. En serio, hermano, un cohete New Glenn de Blue Origin explotó en la rampa de lanzamiento de Cabo Cañaveral, el jueves por la noche, sobre las 9 de la noche hora local.

Imágenes de una bola de fuego gigantesca — parecía el Armagedón, no una prueba espacial. Por suerte, no murió nadie, que así salvan la cara. Bezos escribió en redes que los equipos están a salvo, pero que "fue un día muy duro".

¿Un día duro cuando se te quema un cohete de cientos de millones? Yo diría que es un día de la mierda. Pero él, con sangre fría, dice que "valió la pena" y que lo reconstruyen.

¿Qué te parece, jefe? Con la pasta que tiene, puede comprarse otro cohete en Wallapop, que igual le sale más barato. La Fuerza Espacial de EE.UU. y la FAA están allí, investigando. La NASA, por boca del administrador Isaacman, dijo que "los vuelos espaciales son difíciles".

Bueno, si fueran fáciles, los haríamos nosotros desde Carabanchel, con motor de BMW y unos cables de la tienda de chinos. El mes pasado, a Blue Origin le pasó lo mismo — otro cohete New Glenn quedó inmovilizado en tierra tras un fallo con un satélite. Parece que justo habían lanzado con éxito un cohete en noviembre.

Pero ahora, ¡pum! Y yo que pensaba mandar mi currículum a Blue Origin, a ver qué se siente tener dinero para cohetes. Déjalo, mejor me quedo en el bar de la esquina y con mi BMW del 2008, que al menos sé cómo explota, no me pilla por sorpresa.

Como dice el refrán, cuando tienes dinero, puedes hasta estrellar un cohete contra el suelo — sigues siendo millonario. Nosotros, si nos explota el coche, pedimos un préstamo al banco. Así es la vida, hermano.