¡Tronco, qué cosas se ven en la tele! Reunión en la Casa Blanca, gente seria, corbatas, trajes caros, y este Donald, el gran presidente, ¡haciendo un lío con la geografía! Me quedé flipando cuando vi en los telediarios que confundió Irán con Venezuela — una está en el Golfo con ayatolás, la otra en Sudamérica con petróleo y Maduro, pero ¿qué coño, no es lo mismo, tío?

Y luego, como si fuera poco, amenaza con «pulverizar» Omán, un sultanato que no tiene conflicto con nadie, es amigo de todos. Los analistas estadounidenses sospechan que confundió Omán con Irán, pero yo digo que metió la pata hasta el fondo: oyó hablar del estrecho de Ormuz y pensó que por ahí circulan góndolas, como en Venecia. Otra versión, más chula, es que confundió «omanía» con «sodomía» — y como en la Biblia eso se castigaba con fuego del cielo, concluyó que había que pulverizar.

Así hacemos nosotros, los rumanos, cuando no sabemos algo: ¡a dar palos! Al final, no es descartable que las bombas caigan en el distrito de Neamț, porque oyó hablar de la ciudad de Roman y creyó que era Omán. Ahora, Mioara dice que veo demasiadas noticias americanas y que no echo carbón a la parrilla, pero ¿cómo no voy a flipar cuando uno que dirige el mundo no sabe distinguir un país de otro?

Oye, si me preguntas a mí, mejor hubieran gastado la plata en la autopista de Moldavia que en estos briefing. ¿Quién paga? Nosotros, con las cuotas del coche y la inflación.