¡Macho, que te metan plomo en la vena! Estaba yo tranquilamente con mi café y mi energizante, mirando el móvil, y me topo con una noticia que me dejó helado. ¡Se trata del Ébola, hermano, no de un resfriado! El Centro para la Prevención y el Control de Enfermedades de EE.UU., ese CDC con nombre pomposo, ha confirmado que el brote en la República Democrática del Congo es el mayor registrado jamás para la cepa Bundibugyo. Y, para colmo, Oxfam, esa organización que se desvive por todos los rincones del mundo, dice que las cifras oficiales están lejos de la realidad. ¡Vamos, que es un caos total, primo!
Escucha esto: el número real de casos es probablemente mucho mayor que el reportado, porque no tienen agua potable ni condiciones de higiene. Oxfam lo deja claro: la infraestructura de higiene se ha derrumbado, y el rastreo de contactos —eso que debería mantener el virus bajo control— ha caído en picado. En la provincia de Ituri, uno de los epicentros, solo uno de cada cinco centros médicos tiene suficiente agua potable. En Mongbwalu, una ciudad de casi 140.000 personas, solo el 20% tiene acceso a agua potable y el 25% a servicios de saneamiento. O sea, hermano, te bebes el agua del grifo y no sabes si te estás llevando el Ébola de gratis.
Manel Rebordosa, el coordinador de Oxfam sobre el terreno en Ituri, lo dijo claro: "El agua —la primera línea de defensa en cualquier emergencia de salud pública— simplemente no está disponible." Y no bromea: los mineros que trabajan por allí no tienen baños ni estaciones para lavarse las manos, luego vuelven a sus aldeas y propagan el virus. El agua potable cuesta 2 dólares por 20 litros; para las familias de allí, es como un sueldo, hermano. Yo en mi barrio, cuando se rompió la tubería y estuve un día sin agua, me volví loco. Pero allí es cuestión de vida o muerte, no es broma.
Y no es solo el agua. El rastreo de contactos ha caído a una cobertura del 43%, es decir, menos de la mitad. En el brote de 2018-2020, en la misma región, llegaron al 79% —casi ocho de cada diez contactos eran monitorizados. Ahora, después de que EE.UU. retirara su financiación para la vigilancia de enfermedades, eso es, hermano: el virus se mueve sin obstáculos. Rebordosa dijo que esta brecha no es solo una estadística, sino una realidad dolorosa que permite que el virus se propague sin ser detectado. Y para rematar: más de 70 centros médicos han sido destruidos por el conflicto, y en la RDC solo hay 0,2 médicos por cada 1.000 personas. O sea, con los pocos médicos que hay en nuestros hospitales públicos, casi no me lo creo que pueda ser peor, pero lo es, primo.
En la provincia de Kivu del Norte, la gente muere en casa y solo después se descubre que era Ébola. Familias enteras cuidan a sus familiares enfermos en casa, y así se sigue propagando. La financiación humanitaria para la RDC se ha reducido de 2.580 millones de dólares en 2024 a 1.400 millones en 2026 —una caída del 46%. Como resultado, las organizaciones de ayuda han reducido sus actividades, y los equipos de información comunitaria han desaparecido. Y entonces, hermano, ¿qué hace la gente? Van al curandero, a remedios tradicionales, porque tienen miedo de los hospitales —los ven como trampas mortales. Rebordosa dijo: "Cuando los equipos de información comunitaria de confianza desaparecen, los rumores se propagan más rápido que el virus."
Tibakanya Mireille, una madre de cinco hijos en Ituri, lo vivió en carne propia: uno de sus hijos tuvo fiebre y lo llevó al hospital. Ahora está en pruebas. Dijo que dos casas fueron puestas en cuarentena, y una familia perdió a varios miembros después de cuidar a un familiar enfermo. "La enfermedad ya ha matado a varias personas en nuestra comunidad de Shari, en Bunia." ¿Entiendes, hermano? Una madre está ahí rezando para que no sea Ébola.
Oxfam ha intentado intervenir: un presupuesto de 11,6 millones de dólares para seis meses para agua y kits de higiene para 200.000 personas en Ituri. Pero es una gota en el océano. Sin una vacuna autorizada para esta cepa, el agua limpia y la higiene son las únicas armas. Y si nadie se mueve, el virus llamará a nuestra puerta también, como decía Mioara que no bebiera más energizante de la máquina, que me iba a estropear. Por lo pronto, voy a decirle a Brian que se lave las manos 10 veces al día, que para eso pagamos agua y alcantarillado. Pero en África, hermano, es un drama: no tienen ni siquiera eso.